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domingo, 30 de agosto de 2026

Microrrelato: Ensalada de monstruos

Este microrrelato comenzó como uno de los típicos de un único mensaje en redes sociales (un toot en Mastodon y después un bluit en Bluesky) y luego, tras darle vueltas en la cabeza durante varios días, tuvo continuación en cuatro mensajes más. Es una chorrada, pero coincidió encima en el tiempo con la compra del juego de rol de Monster of the week, así que hubo una sinergía frikimonstruosa inesperada durante esos días😀.

Ensalada de monstruos es la primera parte de una unilogía (y, por tanto, la última parte también).

**********

—Te juro que me ha parecido ver un hombre lobo.

—¡Déjate de monstruos! Esas cosas no existen, son solo fantasías para asustar a los temerosos. Ahora concéntrate en buscar humanos para comer, que hace tiempo que no conseguimos cerebros frescos.

—Cereeeebroooooos.

***

—Entonces, ¿puedo entrar? —preguntó el vampiro hipnotizadoramente, con voz melosa, el porche de la casa de tejado azul, mientras la rubia de pelo rizado le miraba ruborizada y con la mirada enamorada, e iba abriendo más la puerta, poco a poco, a punto de invitarlo a pasar.

El vampiro tenía prisa, ahora que tenía a la víctima hipnotizada no podía perder más tiempo en la calle: había sentido a alguien acercarse por la espalda y no quería testigos. Por el nauseabundo olor, debían de ser dos personas que necesitaban una ducha muy urgente, quizá dos mendigos de los que vivían en el cementerio. Su fino oído le permitía escuchar cómo se acercaban murmurando algo así como «cereeeebrooooos».

***

Asomándose entre los arbustos del otro lado del jardín, la mujer loba evaluaba la situación. Aquel olor tan rico de carne fresca especiada con un delicado perfume a té verde estaba allí, abriendo la puerta.

¿Pero quién era el otro hombre, el que llevaba una estudiada mezcla floral encima, como si quisiese tapar algún sospechoso olor, y que alertaba a su instinto feral por algún motivo desconocido? ¿Y de dónde venía exactamente ese olor tan pestilente, a podredumbre, a descomposición, a muerte?

Bueno, no importaba. Tenía hambre y tenía que devorar. Le daba igual matar a uno, a dos o a veinte por rica carne fresca.

***

Ana abrió la puerta poco a poco, sin apartar la mirada del inesperado visitante que intentaba, infructuosamente, hechizarla, mientras ella lo engañaba para que pensara que estaba consiguiendolo. En su mano derecha, oculta tras la espalda, agarraba con firmeza la estaca que tenía preparada para esos menesteres.

Además, mantenía en su campo visual el aparador de la entrada, donde guardaba el revólver cargado con seis balas de plata; y tras ella tenía el escobero, donde escondía la sierra mecánica. Si sus cálculos salían bien, los engendros irían muriendo en buen orden: vampiro empalado, mujer loba acribillada y zombis en pedacitos.

La cazadora de monstruos no sabía por qué el destino se estaba portado así de bien con ella, pero una noche que pintaba aburrida se iba a convertir en toda una gran fiesta.


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