En tiempos universitarios, con nuestras partidas de AD&D siendo jugadores powergamers marmorreros (no diré munchkins, porque a tanto no llegábamos), un jugador, el menos rolero del grupo (entendámoslo como el que jugaba porque todos jugábamos, pero tampoco era su mayor pasión), perdió a su enano guerrero cruzando el mar en barca, cuando una ola hizo que su martillo se hundiese y decidió, con armadura y todo, ir detrás de él y no soltarlo. «Si no lo suelta, se va a seguir hundiendo» fueron las palabras del DJ. A lo que él respondió, «me da igual, no lo va a soltar». Y no salió a flote.
Tras aquella desgracia, decidió hacerse un nuevo enano guerrero.
Pero el nuevo personaje tenía un historial muy diferente: era un humilde agricultor pacifista, que se había metido a aventurero para conseguir dinero con el que poder pagarse su propia plantación de arándanos. Ese era su objetivo en la vida, convertirse en un enano pacifista recolector de arándanos.
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| Imagen de Jill Wellington en Pixabay |




