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jueves, 10 de septiembre de 2026

Microrrelato: Ojalá una hora más al día

—¿Entonces, con eso reduciríamos la velocidad de rotación de la Tierra? —preguntó el gran magnate de todo tipo de negocios, algunos legales, otros más turbios, otros tan oscuros que no había mente razonable que quisiera imaginárselos.

—Sí, pero las consecuencias serían desastrosas —le respondió la científica, ajustándose las gafas y mirando la tablet con varias gráficas de resultados—: el efecto coriolis reduciría su velocidad, lo que causaría olas de calor estancadas, más intensas y prolongadas; también tormentas devastadoras mucho más duraderas e impredecibles, lo que causaría inundaciones aún más comunes y bestiales; la flora y la fauna, aparte de resentirse para poder adaptarse al cambio de horas solares...

—Sí, sí, ¿pero con esa tecnología podríamos hacerlo sin que nadie nos descubriese?

La científica lo miró, asombrada:

—Supongo. Hay que estudiarlo más a fondo, no deja de ser un efecto colateral del experimento pero, si se aplica poco a poco, sin hacerlo público, posiblemente en entre cinco y diez años se conseguiría aumentar la duración de cada día en una hora sin que nadie sospechase sobre el origen del efecto ni sobre quienes podrían ser los responsables.

—Una hora más al día, con la que podríamos hacer que los empleados trabajasen más.

—Bueno, pero eso ya es un tema legal, habría que negociarlo con los sindicatos, subirles el sueldo…

El magnate se levantó de su asiento, frotándose las manos.

—¿Subirles el sueldo? No te preocupes, mis políticos y prensa se encargarán de hacerles comprender que es una necesidad moral. Cada uno tendrá que aportar su granito de arena para adaptarse al cambio.

—Señor, ¿está hablando de causar efectos catastróficos para el planeta, para la vida, para el ser humano… solo para que la gente trabaje una hora más al día gratis?

El magnate la miró con una sonrisa:

—No, estoy hablando de un buen método para engordar mis cuentas con algunos millones más. Y algo sustancioso también para la tuya, si estás dispuesta a colaborar sin ser tan escrupulosa.

Ella frunció el ceño: no estaba dispuesta a participar en aquella locura, acabaría siendo una verdadera tragedia a medio plazo. Ya estaba muy mal el mundo como para encima causarle más perjuicio. Pero también comenzó a pensar que quizá ese dinero extra no le vendría nada mal para pagar ese alquiler que se le había disparado, la reparación del coche, el colegio y las extraescolares de su hijo, cancelar el crédito de las tarjetas... y su rostro se fue relajando poco a poco, cambiando a una expresión menos enfadada y más dubitativa, mientras el magnate ampliaba su sonrisa al detectar ese cambio de actitud.

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