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domingo, 12 de julio de 2026

El enano pacifista recolector de arándanos

En tiempos universitarios, con nuestras partidas de AD&D siendo jugadores powergamers marmorreros (no diré munchkins, porque a tanto no llegábamos), un jugador, el menos rolero del grupo (entendámoslo como el que jugaba porque todos jugábamos, pero tampoco era su mayor pasión), perdió a su enano guerrero cruzando el mar en barca, cuando una ola hizo que su martillo se hundiese y decidió, con armadura y todo, ir detrás de él y no soltarlo. «Si no lo suelta, se va a seguir hundiendo» fueron las palabras del DJ. A lo que él respondió, «me da igual, no lo va a soltar». Y no salió a flote.

Tras aquella desgracia, decidió hacerse un nuevo enano guerrero.

Pero el nuevo personaje tenía un historial muy diferente: era un humilde agricultor pacifista, que se había metido a aventurero para conseguir dinero con el que poder pagarse su propia plantación de arándanos. Ese era su objetivo en la vida, convertirse en un enano pacifista recolector de arándanos

Imagen de Jill Wellington en Pixabay

Y, encima, era un cobarde. Decía que era pacifista, pero era un maldito cobarde. El que se suponía que tenía que ser el tanque del grupo, era el primero en huir cuando aparecían unos pocos goblins. Nada de intentar apaciguar a ambos bandos, no, salía por patas.

Todos nos reíamos en aquellas situaciones aunque, al ser aventuras muy mazmorreras, tener un personaje así aumentaba la dificultad un mil por ciento. Recordad que éramos un poco powergamers mazmorreros. Y ahí estaba mi personaje, un humano clérigo que de bueno era tonto (alineamiento: legal tonto), que se ponía delante de él para protegerlo. Esa campaña no estaba preparada para eso.

En aquel momento, aquello nos fastidiaba un montón en los combates (ya sabéis, por eso de potenciar el grupo), pero ahora lo recuerdo con muchísima nostalgia😊. Tener un grupo de aventureros en el que no todos tengan habilidades de combate no nos encajaba tanto en ese momento y con ese estilo de juego como lo puede hacer ahora, con otros tipos de partidas y/o sistemas (como ejemplos que menciono en el post en el que me enrollo con la excusa de hablar de Fate, «colaborando en el combate sin saber combatir (para Fate u otros)»). Ni mejor, ni peor, solo es encajar en el momento de tu vida, tu estilo de juego y tu grupo de jugadores.

Aquel jugador era el «menos» rolero del grupo y, sin embargo, nos sacaba mucha ventaja roleando a todos.

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