viernes, 3 de septiembre de 2021

Microrrelato: Aunque la muerte nos separe

 —¡Madre mía, qué desastre, la que has armado! —murmuró Cris cuando se encontró el cadáver de Álex  tirado en el suelo de la cocina, rodeado por una colección de trozos de platos y vasos de distintos tamaños. Temía que algún golpe pudiese haber picado alguna baldosa, pero no parecía haber llegado a tanto.

—Es que no sé qué pasó, me dio un mareo repentino, intenté agarrarme donde pude y me llevé conmigo el escurreplatos —se excusó el fantasma de Álex, que se escondía detrás de Cris.

Imagen de Steve Watts en Pixabay

—Y no tenías mejor sitio, no, con toda la encimera libre —le espetó Cris mientras se agachaba para apilar los trozos más grandes de cerámica y cristal —. Y ahora, claro, me toca a mí recoger.

—Qué quieres que le haga, si ahora soy intangible —musitó Álex —. Ya me podías respetar un poco, que estoy de cuerpo presente.

—Cuerpo presente, cuerpo presente —Cris añadió todo el tono de burla del que era capaz, que era mucho —. Con la de cosas que tenemos que hacer hoy, ya te podías haber muerto otro día —y comenzó a empujar el cadáver con la escoba para alcanzar los trozos más pequeños.

—Pues tendrás que posponerlas, digo yo.

Cris miró mal al fantasma de mala manera, dando a entender claramente que eso no era posible, y señaló hacia el salón para que se dirigiera para allá. Álex se alejó flotando, cruzando el hueco de la puerta sin saber que ya podía atravesar las paredes, y se sentó en el sofá, sin apoyarse, mientras murmuraba:

—Ay, tener que seguir así aunque la muerte nos separe.

E intentó agarrar el mando para ver qué echaban en la televisión. Resopló al descubrió que no podía agarrarlo y se cruzó de brazos, enfadado. Maldita sea, le iba a costar acostumbrarse a esa nueva vida. O no vida, claro.

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