Tengo por ahí un cofrecito en casa, con unas cuantas fichas y muchos dados, llamado
Dungeon Roll. Es un jueguecito pequeño, no muy caro (unos 20 eurillos), uno de esos
fillers que se puede jugar de uno a cuatro jugadores para una partida de unos 10 minutos y que me compré precisamente para rellenar lo huecos vacíos de mi existencia... como si tuviese algún hueco que rellenar.
El juego, sencillote, es un tiradados entretenido sin mucha complicación. Ni siquiera te enfrentas realmente a tus contrincantes, cada uno juega a su bola para intentar conseguir más puntos. Yo lo quería por el modo de un jugador. No voy a hacer reseña, porque las habrá a miles (hoy he levantado una piedra del suelo y me he encontrado con dos), pero podéis ver cómo se juega
en este vídeo de la Mazmorra de Pacheco.
¿Entonces a qué viene este rollazo? Pues a que el otro día mis pequeños goblins, de casi cinco años, querían jugarlo. Siempre les ha encantado el cofrecito y el porrón de dados y fichas que hay dentro, pero son muy pequeños para entender las reglas.
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Jugando con los peques a la versión normal.
El contador d10 se ha transformado en un click mago. |